• Jueves 21 de Septiembre del 2017

Madrid-Barcelona, tristeza e incomprensión ciudadana ante el referéndum

Un edificio de Barcelona con esteladas -la bandera catalana pro-independencia-, en balcones, el 7 de septiembre de 2017

Un muro de incomprensión se levanta estos días entre Barcelona y Madrid ante el referéndum de independencia convocado en Cataluña. Mientras, habitantes de ambas ciudades oscilan entre amargura y tristeza.

Con una bandera de Cataluña pegada al casco, Joffre Vives aparca su moto junto a las ruinas de la Barcelona del siglo XVIII, un símbolo del independentismo de esta región nororiental.

Sus dirigentes acaban de convocar un referéndum de autodeterminación para el 1 de octubre, combatido por el Ejecutivo español y declarado inconstitucional por la justicia. "No nos dejan otra opción", asegura este cerrajero de 40 años.

A su lado se levantan las ruinas de la ciudad destruida tras su rendición ante las tropas del monarca Felipe V, ganador de la Guerra de Sucesión por la corona española (1701-1714), en que gran parte de los catalanes se declararon fieles a otro candidato al trono.

Escondidas durante siglos bajo un mercado, se recuperaron en 2014, coincidiendo con el tricentenario de los hechos en plena exaltación separatista.

"La incomprensión viene de lejos. No se esfuerzan en entendernos. Cualquier cosa que hacemos aquí la demonizan", añade.

"Mira con los toros. Las corridas se prohibieron en las Canarias (archipiélago español en el Atlántico) y no pasó nada. Cuando lo hicimos aquí, fue un gran escándalo, un ataque a España", se lamenta.

Unos metros más allá, mientras apura un cigarro, Daniel Blanquer tampoco se muestra muy optimista. "El diálogo ya no sirve para nada. Nos tratan de golpistas y sólo queremos votar en un referéndum".

"Sólo nos queda tirar para adelante, tensar la cuerda, aunque ellos tampoco cederán", dice este arquitecto de 48 años.

A unos 625 kilómetros, a dos horas y media en tren de alta velocidad, las visiones no difieren demasiado, aunque en sentido opuesto.

Alicia Heras pasea por una tranquila plaza del barrio madrileño de las Cortes, donde se erige el Congreso de los Diputados desde 1843.

"Creo que los catalanes están haciendo el ridículo", estima. Esta costurera jubilada de 63 años recalca, en la misma línea del discurso del Gobierno español, que "la Constitución está para seguirla" y que un eventual referéndum acordado debería ser "para todos los españoles".

"Me daría mucha rabia que se fueran, porque todos les hemos ayudado mucho a conseguir lo que tienen ahora", caminando hacia el Paseo del Prado, que alberga el museo homónimo donde conviven pinturas de maestros catalanes como Rusiñol y Prats con genios como Goya o Velázquez.

Antonio Palomares se dirige a casa tras una larga jornada de trabajo. "El Gobierno catalán se quiere independizar sin contar con nadie, incluso con muchos de los catalanes que viven allí", afirma este informático de 44 años.

Tampoco todo es complacencia en Barcelona. "Veo el panorama político y me decepciona. Solo van al choque y no piensan en políticas para unir a la población", dice Pilar Reig, de 48 años.

"Nunca me han gustado las fronteras, las divisiones. Ahora Cataluña se independiza. ¿Y si luego lo hace el valle de Arán?", se pregunta, aludiendo a un pequeño valle al norte de la región con idioma y cultura propios.

"Si vas poniendo fronteras y fronteras y más fronteras, al final te quedas solo", opina Reig.

Fuente: 
Nex Noticias / AFP