Un lento andar con la cabeza gacha por el camino de barro que conduce a esas bolsas negras que han cambiado el rostro de esta guerra, resucitando los fantasmas del pasado más oscuro.
«Aquí en Bucha hemos visto a nuestra humanidad destrozada», afirma Ursula von der Leyen bajo la lluvia y ataviada con un chaleco antibalas y rodeada, junto a Josep Borrell, por un grupo de soldados de las fuerzas especiales ucranianas que, con sus uniformes de camuflaje y cascos, se mezclan con la escolta de la comitiva europea.
Frente a las fosas comunes de las víctimas de la masacre que se ha convertido en símbolo de las atrocidades perpetradas por los militares rusos, la presidenta de la Comisión Europea reflexiona: «Aquí ocurrió lo impensable. Vimos el rostro cruel del ejército de Putin, la imprudencia y crueldad de quienes ocuparon la ciudad. El mundo entero está hoy con Bucha».
Von der Leyen llegó a Kiev procedente de Eslovaquia en un tren amarillo y azul, junto con el Alto Representante para la Política Exterior de la UE. Luego sobrevino la visita a Bucha, a unos cincuenta kilómetros de la capital, y finalmente el encuentro con el presidente Volodimir Zelensky.
La conferencia de prensa es en los edificios de la presidencia ucraniana, ahora un búnker militar. Los controles recuerdan a todos, primero a los periodistas, que estamos en medio de una guerra.
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