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Huellas de la migración irregular por la selva de Darién

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La pesada carga de la migración irregular con la que la selva darienita, los migrantes y los propios nacionales han tenido que cargar, ha dejado huellas que difícilmente podrán borrarse o al menos, no dentro de poco.

A septiembre de 2023, Panamá ya reportaba 408, 972 migrantes que habrían ingresado al país a través de la selva de Darién, siendo los nacionales de América del Sur quienes lideran la estadística del Servicio Nacional de Migración.

Gráfica del Servicio Nacional de Migración de Panamá

Entre todos ellos, encontramos a Darsy, una madre migrante venezolana que obligada por las condiciones de su país, y la incapacidad del gobierno venezolano de brindar a sus nacionales las herramientas para que estos tengan acceso y cubrir sus necesidades básicas, decidió emprender el viaje y no lo hizo sola, con ella viajan sus cuatro hijos, de 13, 11, 7 y 4 años de edad; además de su esposo quien como roble intenta no derrumbarse ante la mirada de su esposa e hijos, a pesar de las penurias que todos han tenido que pasar, dejando una huella psicológica que sin duda alguna, marcará un antes y un después en sus vidas, en donde sea que se encuentren.

De la totalidad de migrantes registrados 88, 648 son niños que prácticamente son obligados a migrar, pues sus padres prefieren llevárselos antes que dejarlos, sin saber el “infierno” al que van a meter a sus pequeños.

Gráfica del Servicio Nacional de Migración

Huella ambiental de la migración irregular por la selva de Darién

Pero la selva, a pesar de ser extensa y robusta parece ir cediendo doblegada por la contaminación de inquilinos que no terminan de llegar y que dejan en su travesía, al menos 20 libras de basura.

Los cuerpos de quienes no logran salir vivos y las heces representan la incubadora de enfermedades infecciosas que amenazan con reaparecer y desaparecer a quien no encuentre atención médica oportuna, sin distinción de raza, credo o nacionalidad, pues los panameños que viven en las comunidades receptoras de migrantes, también sufren la huella ambiental y de sanidad que produce esta migración irregular, al punto que los dos ríos más importantes de la zona, el Chucunaque, que es el más grande del país y el Tuqueza, que les dotaba de peces y otros alimentos y sus corrientes facilitan su transportación y movilidad, han sido contaminados, al igual que al menos 32 quebradas, según informe del Ministerio de Ambiente.

De acuerdo con el epidemiólogo Jean Paul Carrera, del Instituto Gorgas, la deforestación y la contaminación en la selva de Darién facilitan el resurgimiento de enfermedades infecciosas como la encefalitis equinas en la provincia y según el director general del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, José Vicente Pachar, en lo que va del 2023 han muerto 88 migrantes que se adentraron a la selva darienita, versus 62 que fallecieron el pasado 2022.

Pese a que los presientes de Panamá y Costa Rica acordaron que 200 buses entre panameños y ticos realizarán el traslado hacia la frontera  de Costa Rica con Nicaragua, la situación migratoria en el Darién parece estar lejos de cesar y por ende las huellas psicológicas, ambientales y de salud seguirán frescas producto de la migración irregular por la selva de Darién.

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