Mientras se preparaba para disputar una nueva Copa del Mundo, Kim Seung-gyu recibió una noticia que cambió por completo sus días fuera de la cancha. El guardameta surcoreano tuvo que mantenerse concentrado con su selección mientras, a miles de kilómetros, su esposa daba a luz a su hija en Corea del Sur. El momento que imaginó vivir en persona terminó ocurriendo a través de una videollamada.
A pesar del impacto emocional de convertirse en padre lejos de casa, el arquero siguió con la concentración del equipo y horas más tarde fue protagonista en el debut de Corea del Sur, con una intervención decisiva que ayudó al resultado del encuentro. Al finalizar el partido, el abrazo con sus compañeros reflejó más que una celebración deportiva: fue el desahogo de alguien que estaba viviendo uno de los momentos más importantes de su vida entre la responsabilidad profesional y el deseo de estar junto a su familia.


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