El presidente electo de Colombia anunció una reestructuración profunda de su política exterior orientada a la eficiencia administrativa y la austeridad económica.
El plan contempla el cierre de numerosas sedes diplomáticas en diversas partes del mundo, así como la unificación de misiones en ciudades clave para evitar gastos innecesarios.
Un punto crucial de su discurso es la ruptura total de vínculos con Cuba y Nicaragua, argumentando que su administración no mantendrá relaciones con regímenes autoritarios.
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