Los frutos secos son algunos de los alimentos más convenientes y nutritivos que podemos añadir a nuestra dieta diaria. Son fáciles de encontrar, tienen una larga durabilidad y brindan una excelente combinación de sabor y nutrientes. Entre los más conocidos están las nueces, almendras, cacahuetes, pistachos, avellanas y castañas.
Su mayor ventaja radica en el contenido de grasas saludables, que son necesarias para el correcto funcionamiento del cuerpo y nuestras células. Asimismo, contienen proteínas de origen vegetal y una cantidad significativa de fibra, lo cual es fundamental para mejorar la digestión y mantener el equilibrio de la flora intestinal.
Además, estos alimentos ofrecen minerales esenciales. El magnesio es crucial para el correcto funcionamiento del sistema nervioso y los músculos; el potasio es importante para la actividad muscular y nerviosa; y el zinc y el selenio ayudan a fortalecer las defensas del organismo.
Debido a este perfil nutricional, el consumo frecuente de frutos secos está asociado con una mejor salud del corazón y un riesgo reducido de enfermedades como infartos, accidentes cerebrovasculares y trastornos metabólicos. También son una opción excelente como snack saludable, perfectos para sustituir alimentos ultraprocesados durante la mañana o la tarde.
Incluso, muchas personas los utilizan como una alternativa al pan u otros acompañamientos, logrando mejoras en su alimentación diaria.
¿Cuánto se debe consumir?
La cantidad recomendada es sencilla: una pequeña porción que quepa en la palma de la mano al día es suficiente para disfrutar de sus beneficios sin excederse.
Se pueden disfrutar crudos o tostados, pero es importante elegir versiones sin sal ni azúcar añadidos para aprovechar al máximo sus propiedades.
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