El París Saint-Germain se proclamó vencedor de la Liga de Campeones por segunda vez consecutiva y en toda su historia, tras imponerse al Arsenal en la tanda de penaltis de la final disputada en el Puskas Arena de Budapest.
Después del 1-1 con el que acabó la prórroga, tras los goles de Kavi Havertz en el minuto 6 y Ousmane Dembele de penalti en el 66, el duelo se resolvió desde los once metros por 4-3 para el bloque de Luis Enrique Martínez, tras el fallo en el décimo lanzamiento de Gabriel Magalhaes.
La final de Budapest prolongó el maleficio continental del Arsenal, que, a pesar de terminar invicto la competición, el único en conseguirlo, y tener encarrilado el partido, acabó abatido, derrotado, tal y como sucedió hace veinte años, en la única final que había jugado hasta ahora, superado por el Barcelona.
Se repitió su historia y la del PSG, campeón por segundo año seguido y que se sobrepuso al tempranero gol que logró Kai Havertz pero que a la hora de juego neutralizó, de penalti, provocado por el español Christian Mosquera, Ousmane Dembelé, el Balón de oro del que no había noticias hasta ese momento.
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