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Un envenenamiento en Bulgaria pone al descubierto a asesinos rusos en Europa

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Con el alias de Sergei Fedotov, el asesino ruso entró a Bulgaria sin llamar la atención y se registró en un hotel de Sofía cercano a las oficinas de un fabricante local de armas que había estado vendiendo municiones a Ucrania.

Estaba al mando de un equipo de tres hombres.

En cuestión de días, un hombre se escabulló a un estacionamiento cerrado, esparció veneno en las manijas del auto del fabricante de armas, y se fue sin ser detectado, excepto por unas imágenes borrosas captadas por la cámara de vigilancia.

Poco tiempo después, el fabricante de armas Emilian Gebrev, estaba en una reunión con sus socios de negocios en la terraza de un restaurante cuando comenzó a alucinar y a vomitar.

El veneno hizo que Gebrev, quien ahora tiene 65 años, permaneciera hospitalizado durante un mes. También su hijo fue envenenado al igual que otro alto ejecutivo de su empresa. Cuando dieron de alta a Gebrev, los asesinos volvieron a envenenarlos a él y a su hijo en su casa de verano en el mar Negro. Todos sobrevivieron, pero el negocio de Gebrev todavía no se ha recuperado por completo.

Los oficiales de seguridad e inteligencia occidentales señalaron que los envenenamientos de Bulgaria fueron un indicio fundamental que ayudó a poner al descubierto una campaña del Kremlin y su extensa red de agentes de inteligencia cuya finalidad era eliminar a los enemigos de Rusia en el extranjero y desestabilizar a Occidente.

Al entrar a su tercera década en el poder, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, está esforzándose con vehemencia para volver a posicionar a Rusia como una potencia mundial. Rusia no puede competir en materia económica ni militar con Estados Unidos ni China, así que Putin está librando una guerra asimétrica en las sombras.

En octubre, The New York Times reveló que un grupo especializado de agentes de inteligencia rusos (la Unidad 29155) durante años había tenido la tarea de llevar a cabo asesinatos y campañas de desestabilización política en Europa.

Basado en entrevistas con funcionarios de Europa y Estados Unidos, ahora también se sabe que los intentos de asesinato contra Gebrev fueron como una especie de piedra de Rosetta que ayudó a las agencias occidentales de inteligencia a descubrir a la Unidad 29155 y a descifrar el tipo de amenaza que esta suponía.

Los oficiales de seguridad e inteligencia siguen trabajando para comprender cómo y por qué a esta unidad se le asignan ciertos objetivos. Incluso ahora, los investigadores no han determinado el motivo preciso en el caso de Gebrev. Lo más probable, según los oficiales de inteligencia, es que hayan ido tras Gebrev debido a la manera en que su negocio perjudicaba al Kremlin: la venta de armas, la intromisión de la empresa en los mercados que Rusia había controlado durante mucho tiempo, y sus intentos de comprar una fábrica de armas que un oligarca ruso tenía en la mira.

El veneno actuó lentamente.

Gebrev se dio cuenta de que algo estaba mal cuando, la noche del 27 de abril de 2015, el ojo derecho de pronto se le puso “tan rojo como el color rojo de la bandera rusa”.

La noche siguiente, Gebrev fue a su restaurante favorito en el piso 19 del hotel Marinela. A la hora de la cena, Gebrev comenzó a vomitar profusamente y fue llevado a un hospital militar. Ahí comenzó a ver explosiones de colores muy intensos. Posteriormente, de pronto su campo visual se tornó a blanco y negro.

Cuando se intensificaron sus alucinaciones, comenzó a imaginar criaturas fantásticas enojadas que amenazaban con arrastrarlo.

Un día después, también hospitalizaron al gerente de producción de la empresa, Valentin Tahchiev. Y a los pocos días, el hijo de Gebrev, Hristo Gebrev, a quien estaban preparando para dirigir la empresa de su padre, Emco, también tuvo que ser trasladado a la unidad de cuidados intensivos.

“Si se deshacen de mí y de mi hijo, la empresa quedará destruida”, dijo Gebrev más tarde. “¿Quién firmará los contratos? ¿Quién tiene los derechos?”

Durante el mes siguiente, mientras Gebrev padre se recuperaba en el hospital, las autoridades búlgaras avanzaron muy poco en las investigaciones. En Bulgaria, un antiguo país satélite soviético con una larga historia de asesinatos por contrato, los medios informativos prestaron muy poca atención. El fiscal general sugirió que Gebrev se había intoxicado con arúgula contaminada. Sin embargo, al final, los funcionarios concluyeron que los tres hombres habían sido envenenados.

A finales de mayo, Gebrev fue dado de alta del hospital y se reunió con su hijo en la casa vacacional de la familia en el mar Negro. Ahí los volvieron a envenenar. Esta vez, los síntomas fueron menos graves así que regresaron en auto a Sofía y se internaron en el mismo hospital durante aproximadamente dos semanas.

Pese a los dos envenenamientos, los fiscales búlgaros no lograron descubrir pistas ni pruebas.

Cuando en el hospital no pudieron determinar cuál fue la sustancia utilizada en el veneno, Gebrev contrató a un laboratorio finlandés, Verifin, el cual encontró dos sustancias químicas en su orina, incluyendo fosfonato dietílico, que se utiliza en los pesticidas. Las demás sustancias químicas no pudieron ser identificadas.

Para el verano siguiente, las autoridades búlgaras ya habían archivado el caso. Al parecer, ni siquiera tenían idea de que existía la Unidad 29155, al igual que los oficiales de seguridad e inteligencia del resto de Europa.

No obstante, a pesar de que el caso de Gebrev ya se había dado por concluido, algunos miembros de la Unidad 29155 estaban muy activos, de acuerdo con los registros parciales de sus viajes que analizó The New York Times. De 2016 a 2018, los agentes realizaron al menos dos docenas de viajes de Moscú a diferentes países europeos.

Lo más probable es que su operación en Bulgaria nunca se habría detectado.

Pero hubo otro envenenamiento.

En marzo de 2018, un antiguo espía ruso llamado Serguéi Skripal fue envenenado con un agente neurotóxico letal en el pueblo de Salisbury, en Inglaterra.

Los fiscales británicos culparon del ataque a los asesinos que trabajaban en la agencia de inteligencia militar rusa, conocida por muchos como el GRU. En un trabajo conjunto con aliados europeos, las autoridades británicas analizaron los registros de viaje de algunos agentes rusos conocidos. Uno de ellos llamaba la atención: un hombre que usaba un pasaporte ruso con el nombre de Sergei Fedotov.

Durante cinco años, había viajado mucho por Europa y había estado en Serbia, España y Suiza. Estuvo en Londres unos días antes de que Skripal fuera envenenado y se había ido poco después del ataque; las autoridades británicas ahora lo han identificado como el comandante del equipo que envenenó a Skripal.

También se supo que en 2015 estuvo en Bulgaria tres veces: en febrero; en abril, cuando envenenaron a Gebrev la primera vez; y luego en mayo, cuando fue envenenado por segunda ocasión.

Los investigadores de la empresa de noticias de acceso abierto, Bellingcat, con sede en el Reino Unido, han identificado al hombre que usa el alias de Fedotov como Denis Sergeev, un oficial de alto rango del GRU y veterano de las guerras rusas en el Cáucaso septentrional. Las autoridades británicas confirmaron la fiabilidad del informe.

El descubrimiento de que estaba relacionado con los envenenamientos tanto en Inglaterra como en Bulgaria fue fundamental para que los funcionarios de Occidente llegaran a la conclusión de que estos no fueron ataques aislados de Rusia, sino parte de una campaña coordinada por la Unidad 29155.

Gracias a las nuevas pruebas proporcionadas por los británicos, el fiscal general búlgaro, Sotir Tsatsarov, volvió a abrir el caso en octubre de 2018. Casi de manera inmediata, los investigadores descubrieron nuevas pistas. Antes del primer envenenamiento, Fedotov y dos agentes más de la Unidad 29155 se habían registrado en el hotel Hill, situado en el mismo complejo donde Gebrev tiene sus oficinas. Ahora los fiscales señalaron que ellos insistieron en ocupar cuartos con vista a la entrada de un estacionamiento subterráneo donde los ejecutivos de Emco guardaban sus autos.

Los fiscales encontraron en el estacionamiento videos de vigilancia borrosos que mostraban a una figura bien vestida que se aproximaba al Nissan gris de Gebrev, así como a los autos del hijo de Gebrev y del gerente de producción. Se alcanza a ver que esta figura unta algo en las manijas de los tres autos. Los oficiales de inteligencia de Occidente han deducido que la sustancia era veneno.

Existen pocas dudas de que la profesión de Gebrev —la fabricación y venta de municiones y armas ligeras— lo sitúa en un campo peligroso, en especial en Bulgaria.

En los últimos años, el Kremlin está cada vez más preocupado debido a la interferencia cada vez mayor por parte de países más pequeños en el predominio de Rusia en la industria de armamento. En junio, durante una reunión con oficiales de seguridad de alto rango, Putin advirtió que la posición de Rusia en esta industria se encontraba amenazada.

En la actualidad, Bulgaria vende anualmente más de 1200 millones de euros, cerca de 1300 millones de dólares, en armas, una cifra relativamente modesta para ese sector, pero que no ha pasado inadvertida para Moscú.

Gebrev también estaba involucrado en otro proyecto que quizás le molestó a Moscú. Poco antes de ser envenenado, Gebrev intentó comprar Dunarit, una gran planta de producción de armas en Bulgaria codiciada por un oligarca respaldado por el Kremlin, Konstantin Malofeev.

Estados Unidos y la Unión Europea han impuesto sanciones a Malofeev por financiar a los separatistas del este de Ucrania respaldados por Moscú.

Hoy, Gebrev se ha recuperado físicamente, pese a que su negocio sigue en problemas. En agosto de 2017, el Ministerio de Economía de Bulgaria revocó de manera temporal su permiso de exportación. El director del ministerio, Emil Karanikolov, fue nominado al puesto por el partido de extrema derecha Unión Nacional Ataque, el cual desde hace mucho tiempo ha sido objeto de escrutinio debido a sus vínculos estrechos con Moscú.

Fuente: infobae.com

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