Un estudio internacional, liderado por la Universidad de Griffith en Australia, y publicado en la revista Current Biology, ha revelado por primera vez cómo la contaminación por cocaína y su principal metabolito, la benzoilecgonina, altera el comportamiento de los salmones atlánticos en su hábitat natural.
Tras monitorizar a 105 ejemplares juveniles en el lago Vättern, Suecia, mediante telemetría acústica e implantes de liberación lenta, los investigadores descubrieron que los peces expuestos a la benzoilecgonina aumentaron su movimiento semanal casi el doble, llegando a dispersarse hasta 12,3 kilómetros más lejos que el grupo de control.
Estos hallazgos son alarmantes, ya que sugieren que los residuos de drogas en los ecosistemas pueden desestabilizar la ecología espacial de las especies, afectando negativamente el uso del hábitat y las interacciones tróficas esenciales para su supervivencia.
Ante este panorama, las investigaciones futuras se centrarán en identificar qué otras especies están en riesgo y si este agotador incremento en la actividad física compromete la reproducción y la dinámica poblacional a largo plazo.
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