Un análisis del Proyecto INMA (Infancia y Medio Ambiente) indica que la convivencia con animales en los primeros años de vida puede impactar el desarrollo emocional de los niños y ayudar a evitar la ansiedad y los problemas de comportamiento.
Este estudio revisó información de 1.893 familias en Valencia, Sabadell, Asturias y Gipuzkoa, examinó la presencia de distintos tipos de animales, como perros, gatos, peces, roedores y reptiles, en los hogares cuando los niños tenían entre 1 y 5 años. Los hallazgos revelan que la presencia continua de pequeños animales, como peces o tortugas, está asociada a un menor riesgo de problemas emocionales.
La profesora Adonina Tardón, quien dirige la investigación en Asturias, afirmó que cuidar de una mascota «aumenta la autoestima en los niños y fomenta el sentido de responsabilidad compartida en la familia.»
Además, el estudio enfatiza que cuidar de los animales puede hacer que los niños se sientan más acompañados y emocionalmente estables, disminuyendo la aparición de emociones negativas.
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