Rusia decidió dejar de suministrar gas a Polonia y Bulgaria, lo cual provocó que el precio se disparara en los mercados europeos.
En tanto en Bruselas se resuelve el primer conflicto interno sobre el techo del precio del gas para hacer frente al encarecimiento de la energía, con un visto bueno para España y Portugal.
Pero es el frente ruso-polaco el que calienta la confrontación energética. Con un ida y vuelta encomendado a los anuncios de los medios polacos y TASS a última hora de la tarde, Moscú decidió suspender «totalmente» a partir de las ocho de la mañana de este miércoles el flujo de gas traído a Polonia desde el Yamal.
Una dura contraofensiva contra el gobierno polaco que se negó a ceder ante el pedido de pagar los suministros en rublos.
Y, además, había anunciado que impondría nuevas sanciones a varias empresas rusas. El plazo para cumplir con los contratos existentes y pagar en rublos, informó Moscú, expiró el viernes.
Y Polonia, afirmó la empresa Gazprom a través de su portavoz Sergey Kupriyanov, tendría que pagar hoy respetando el nuevo procedimiento.
Sin embargo, la orden judicial perentoria no asustó a Varsovia, que se reunió con un comité de crisis en el ministerio del clima a media tarde y luego siguió su camino con un rotundo «no».
La petrolera nacional PGNiG, que ha definido la interrupción del suministro como una «violación» del contrato previsto para Yamal, ha pensado en aumentar la dosis, anunciando que quiere presentar una denuncia.
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