El color rojo de 130.000 kilos de tomates bien maduros ha conquistado de nuevo las calles más céntricas del pueblo valenciano de Buñol en su Tomatina más esperada, la que ha puesto fin a más de mil días sin esta fiesta internacional tras dos ediciones aplazadas por las restricciones de la pandemia de coronavirus.
A la hora pautada ha sonado la carcasa pirotécnica que ha dado inicio al lento desfile de seis camiones cargados con miles de tomates de la variedad pera tienen más jugo-, no aptos para el consumo pero ideales para usarlos como munición en una batalla campal que se esperaba con impaciencia.
La alcaldesa de la localidad, Juncal Carrascosa, ha señalado, en declaraciones a Europa Press, que este ha sido «el año en el que más vecinos de Buñol van a participar». «El turismo internacional todavía no está activo, sobre todo en países como Japón, Corea o la India, grandes consumidores de la fiesta», así como en países anglosajones como Canadá o Australia, ha apuntado.
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