El rito funerario del Papa fue precedido por el canto de cuatro salmos y acompañado por cinco intercesiones, y luego se cantó el Padrenuestro.
Tras la oración final, se imprimieron en el féretro los sellos del Cardenal Camarlengo de la Santa Iglesia Romana, Kevin Joseph Farrell, de la Prefectura de la Casa Pontificia, de la Oficina de Celebraciones Litúrgicas del Romano Pontífice y del Capítulo Liberiano.
A continuación, el féretro fue colocado en la tumba y rociado con agua bendita mientras se cantaba el Regina Caeli. A continuación, se realizó la última formalidad: el notario del Capítulo Liberiano leyó el acta que certificaba el entierro a los presentes.
Posteriormente fue firmado por el cardenal Camarlengo, el regente de la Casa Pontificia, monseñor Leonardo Sapienza, y por el maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, arzobispo Diego Ravelli.
En 1903 fue la última vez en que un pontífice había sido sepultado fuera del Vaticano. Ello ocurrió con el cuerpo del Papa León XIII, que fue portado desde la Basílica de San Pedro hasta San Juan de Letrán, la Catedral de Roma.
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