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By
Allan Bernal
En un momento en que la seguridad energética y la asequibilidad han escalado hasta los primeros puestos de la agenda para el desarrollo, 655 millones de personas a escala mundial siguen sin tener acceso a electricidad y dos mil millones de personas utilizan combustibles y tecnologías contaminantes para cocinar, lo que pone en peligro su salud y bienestar. África Subsahariana, donde más de 560 millones de personas no tienen electricidad y 970 millones de personas carecen de acceso a métodos limpios para cocinar, soporta un porcentaje desproporcionado de esos déficits.
La última edición del informe sobre los progresos en materia de energía y el seguimiento del ODS 7 (Tracking SDG 7: The Energy Progress Report), que presenta datos de 2023 y 2024, muestra que, si bien la mayoría de las regiones se acercan al acceso universal, en África Subsahariana los progresos se han ralentizado considerablemente y que el ritmo de electrificación debe triplicarse para lograr el acceso universal de aquí a 2030. Pese a esos retos, el informe pone de relieve los alentadores avances registrados en varias esferas de la energía sostenible. La energía renovable continuó su fuerte expansión y ya representa más del 30 por ciento del consumo mundial de electricidad, mientras la capacidad de generación de energía renovable alcanzó un récord mundial de 544 vatios por persona (suficiente para alimentar un frigorífico). Los flujos de financiación pública internacional que apoyan la energía limpia en los países en desarrollo aumentaron ligeramente hasta USD 24 600 millones; y las mejoras en eficiencia energética mundial se mantuvieron en 3,76 megajulios por USD, si bien este ritmo sigue siendo insuficiente para alcanzar las metas del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 7.
Con todo, el informe indica que si no se toman urgentemente medidas amplias, no se cumplirá el ODS 7, esto es, garantizar el acceso universal a energías asequibles, fiables, sostenibles y modernas para 2030. Es más, mientras aún arrecia la actual crisis energética mundial, se prevé que tenga efectos considerables en los mercados energéticos y en la economía en general.
En este contexto, acelerar el despliegue de energías renovables internas se considera cada vez más algo esencial para fortalecer la seguridad energética y la asequibilidad, así como para avanzar en los objetivos climáticos y de desarrollo a largo plazo. Las soluciones de energías renovables distribuidas, que incluyen sistemas sin conexión a red y minirredes, son una forma costoeficaz de acceder a la electricidad y ya prestan servicio a millones de personas. Las cocinas eléctricas, el bioetanol y el biogás también ganan terreno como soluciones ampliables para preparar alimentos mediante energías renovables, lo que contribuye a diversificar aún más las formas limpias de cocinar.
La asequibilidad sigue siendo un obstáculo importante para ampliar el acceso a la electricidad. Incluso cuando existen infraestructuras, muchos hogares no pueden pagar las tarifas de conexión, los costos del cableado o los servicios energéticos básicos. A medida que los países tratan de llegar a la población que sigue sin acceso a electricidad, las subvenciones específicas, los mecanismos innovadores de financiación y las soluciones de electrificación de menor costo serán esenciales para garantizar que nadie se queda atrás.
Las limitaciones financieras, insuficientes para cumplir los objetivos del ODS 7 o en marcado descenso en los países más pobres, obstaculizan los avances. Los flujos financieros internacionales de apoyo a la energía limpia en los países menos adelantados se redujeron considerablemente, con USD 3700 millones en 2024, una reducción del 11 % con respecto a 2023.
Un liderazgo político más sólido, la mejora de la coordinación intersectorial y atención estratégica a los países y comunidades con mayor riesgo de quedarse atrás siguen siendo prioridades transversales de aquí a 2030. Es fundamental dar señales políticas claras y promover una aplicación sostenida para diversificar el conjunto de fuentes de energía nacionales, incrementar las energías renovables, reducir la dependencia de las importaciones de combustibles fósiles y reforzar la resiliencia macroeconómica frente a las interrupciones de la cadena mundial de suministro.
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