Alrededor de 16 millones de residentes en Shanghái se sometían el viernes a pruebas de detección del coronavirus en el inicio de la segunda fase del confinamiento, que afecta a la mitad occidental de la mayor ciudad de China, que es también su capital financiera.
Mientras, a los residentes en los distritos orientales, que debían regresar a la rutina tras cuatro días de aislamiento, se les dijo que las medidas podrían prorrogarse si de detectan casos de COVID-19 en sus complejos residenciales.
El confinamiento de Shanghái, que se realiza en dos fases a lo largo de ocho días para poder realizar pruebas a toda la población, ha sacudido a unos mercados financieros preocupados por su posible impacto económico. La actividad manufacturera china registró mínimo en cinco meses en marzo, de acuerdo con una encuesta mensual publicada el jueves, y los cierres de ciudades y otras restricciones obligaron a algunas fábricas a suspender la producción.
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