«Convierte a tu corazón nuestros corazones rebeldes para que aprendamos a seguir los proyectos de paz, lleva a los adversarios a darse la mano para que puedan probar el perdón recíproco, desarma la mano levantada contra el hermano para que donde existe el odio florezca la concordia», con esta oración el papa Francisco concluyó el Via Crucis en el Coliseo, la celebración más sentida del Viernes Santo, vuelta a la normalidad luego de dos años de pandemia.
Se trata de una normalidad solo bajo el perfil sanitario porque esta Pascua está marcada por el sonido de las bombas en Ucrania. Pero el pontífice insiste en hablar de «esperanza». La misma que llevó al Vaticano a confirmar la presencia de dos mujeres, dos amigas, una ucraniana y una rusa, que llevaron juntas la cruz. Y, a último momento, cambió la contemplación para dejar espacio al silencio y la oración, como explicó el portavoz del Vaticano, Matteo Bruni.
La decisión de llevar juntas la cruz, en la XIII estación, a una mujer ucraniana y una rusa, había suscitado la protesta de la embajada de Ucrania ante la Santa Sede. Pero también de diversos exponentes de la Iglesia en Ucrania, a quienes no agradó esta decisión, y hoy varios medios católicos ucranianos, sitios digitales y TV eligieron no transmitir el Vía Crucis del Papa.
«El mundo eligió, es duro decirlo, pero eligió el plan de Caín y la guerra y pone en práctica el ‘Cainismo’, esto es, matar al hermano». Vuelve a hablar de la guerra en Ucrania, pero también de todos los conflictos que en este momento asolan al mundo, el papa Francisco en este Viernes Santo marcado por el dolor por lo que sucede en el corazón de Europa.
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