«Nunca antes me había sentido tan nerviosa», confesó Elena Rybakina, apenas consagrada como la primera campeona kazaja en el Abierto de Wimbledon y nacida hace 23 años en Moscú.
Toda una paradoja del destino en un All England que este año decidió cerrarle las puertas a los tenistas rusos y bielorrusos en represalia por la guerra en Ucrania, marginándolos del tercer Grand Slam del año por presiones de la política.
Más precisamente de un gobierno británico que hoy le busca sucesor a Boris Johnson, mientras Wimbledon celebra la consagración de una nueva campeona nacida en Moscú.
«Es un alivio que todo haya terminado porque sentía una presión enorme antes y durante el partido», confesó la nueva reina tras su victoria por 3-6,6-2 y 6-2 frente a la tunecina Ons Jabeur al cabo de una hora y 51 minutos en la Cancha Central.
«Fue un partido durísimo frente a una gran adversaria», aseguró Rybakina, vigésimo tercera en un ranking en el que su rival ocupa el segundo puesto.
Posiciones que no se modificarán pues a la decisión de impedir la presencia de los tenistas rusos y bielorrusos, la WTA y la ATP le respondieron anunciando que el certamen este año no repartirá puntos, además de aplicarle a los organizadores una salada multa.
Poco debe importarle eso ahora a la kazaja, que se metió de lleno en la historia y al final del partido confesó: «Corrí tanto hoy, que seguramente no podré siquiera entrenarme durante largo tiempo». (ANSA)
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