El partido del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, amplificó el jueves acusaciones sin fundamento según las cuales formaciones lideradas por árabes habrían «robado» las elecciones —posiblemente con ayuda extranjera—, justo cuando se esperaba que los resultados finales confirmaran que el bloque de Netanyahu había perdido su mayoría en el Parlamento.
La oposición acusó a Netanyahu de demonizar a la población árabe —tras el histórico desempeño de las formaciones lideradas por árabes— con el fin de deslegitimar los resultados electorales que comenzaban a perfilarse. Si el resto de la oposición se aliara con los partidos árabes —un movimiento inusual y políticamente arriesgado—, podrían llegar a formar un gobierno mayoritario en el Parlamento, la Knéset. Se esperaba que los resultados definitivos de la votación se conocieran el jueves por la noche.
El partido de Netanyahu, el Likud, ha estado difundiendo denuncias de irregularidades por parte de formaciones lideradas por árabes desde que los sondeos a pie de urna indicaron que el primer ministro había sufrido un revés en los comicios del martes. Sin embargo, la retórica se intensificó después de que el presidente del comité electoral de Israel, el juez del Tribunal Supremo Noam Sohlberg, declarara que se le habían presentado «serias sospechas» de injerencia extranjera.