La final del Mundial de 1966 es considerada una de las más emocionantes y polémicas en la historia del fútbol. Disputada en el histórico estadio Wembley Stadium, enfrentó a Inglaterra y Alemania Occidental en un duelo lleno de tensión, dramatismo y controversia.
Durante los noventa minutos reglamentarios, ambos equipos demostraron un gran nivel competitivo. Inglaterra tomó ventaja gracias a los goles de Geoff Hurst y Martin Peters, mientras que Alemania respondió con carácter y nunca dejó de luchar. Cuando parecía que los ingleses se quedarían con la victoria por 2-1, Wolfgang Weber empató en el minuto 89, obligando a jugar tiempo suplementario y aumentando aún más la emoción del encuentro.
La prórroga dejó una de las jugadas más debatidas de todos los tiempos: el famoso “gol fantasma”. Geoff Hurst realizó un potente disparo que golpeó el travesaño y picó sobre la línea antes de salir del arco. Sin la tecnología actual para revisar las jugadas, el árbitro consultó con su juez de línea y finalmente decidió validar el gol. Hasta hoy, aficionados y expertos siguen discutiendo si el balón cruzó completamente la línea.
Ese tanto cambió el rumbo de la final. Alemania se lanzó al ataque en busca del empate y dejó espacios en defensa. Inglaterra aprovechó la situación y, en los minutos finales, Hurst marcó nuevamente para completar el primer hat-trick en una final de Copa del Mundo y sellar el marcador definitivo de 4-2.
Con esta victoria, Inglaterra conquistó el primer y único Mundial de su historia, convirtiendo aquella noche de 1966 en un momento legendario para el fútbol inglés. Más de seis décadas después, la final sigue siendo recordada no solo por el título, sino también por la polémica del “gol fantasma”, considerada una de las decisiones arbitrales más famosas del deporte rey.

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