Cuando ocurre un terremoto, es completamente natural experimentar miedo intenso y pérdida de seguridad, lo cual activa nuestro sistema de alerta y genera ansiedad anticipatoria sobre posibles réplicas.
Para contrarrestar este sufrimiento emocional, resulta fundamental aceptar las propias emociones sin resistencia y mantener la calma enfocándose en el momento presente mediante el uso de los sentidos y técnicas de respiración consciente.
Asimismo, los padres deben validar los temores de los niños mostrándose comprensivos y sinceros en lugar de minimizar lo sucedido, proporcionándoles así un refugio seguro.