La victoria de Alemania por 3-2 ante Hungría, el 4 de julio de 1954, conocida como “El Milagro de Berna”, es una de las finales más legendarias en la historia de los Mundiales. Hungría llegaba como la gran favorita: acumulaba 31 partidos invicta, había goleado 8-3 a Alemania en la fase de grupos y contaba con figuras como Ferenc Puskás, Sándor Kocsis y Nándor Hidegkuti. Sin embargo, los alemanes, dirigidos por Sepp Herberger, protagonizaron una remontada histórica bajo una intensa lluvia en Berna.
Hungría se adelantó rápidamente 2-0 con goles de Puskás y Zoltán Czibor, pero Alemania reaccionó gracias a las anotaciones de Max Morlock y Helmut Rahn. El arquero alemán Toni Turek fue decisivo con varias intervenciones clave, especialmente ante remates de Kocsis y Puskás.
A los 84 minutos, Rahn selló el 3-2 definitivo con un zurdazo inolvidable que consumó la hazaña alemana. Puskás llegó a marcar sobre el final, pero el gol fue anulado por fuera de juego. La victoria alemana no sólo terminó con la racha de la “Hungría de Oro”, sino que además representó el primer título mundial para Alemania.

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