El Reino Unido está al borde de una fractura histórica. Durante siglos, Londres ha acaparado todas las decisiones clave, dejando al resto de las regiones casi sin voz política, pero esta semana sucedió algo que podría cambiar el rumbo.
Escocia, Gales e Irlanda del Norte están gobernadas actualmente por líderes independentistas, quienes sellaron un histórico acuerdo para reclamar su derecho a la independencia del Reino Unido.
El detonante definitivo de esta crisis es el Brexit. El gobierno central las arrastró fuera de Europa y de su mercado único, golpeando duramente sus economías locales.
Ahora buscan recuperar su autonomía financiera y trazar su propio camino de regreso a Europa. Pero este proceso de separación no es uniforme. Cada nación avanza a su propio ritmo.
Irlanda del Norte, por ejemplo, analiza seriamente la opción de unificarse con la República de Irlanda. El obstáculo legal más grande es que estos territorios no son estados soberanos. Dependen jurídicamente del parlamento británico, que tiene el poder absoluto para frenar cualquier referéndum democrático.
Por su parte, el primer ministro británico, Andy Burnham, respondió con cautela ante esta declaración conjunta de sus vecinos: «Estamos comprometidos con impulsar el cambio en las cuatro naciones del Reino Unido y creemos firmemente en la unión», se limitó a decir.
Este es un movimiento que recién comienza, así que de momento el mapa del Reino Unido permanece igual. Solo resta esperar el resultado de la primera reunión que sostendrán los cuatro bloques programado para el próximo mes.