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6 años atráson
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Fito Chiari
Brasil representa actualmente la cuarta parte de las muertes de COVID-19 de todo el mundo, mucho más que cualquier otro país, y los expertos en salud advierten que el país está en el borde de una calamidad aún mayor.
El promedio de siete días es de 2.400 muertes diarias y llegará a 3.000 en las próximas semanas, dijeron seis expertos consultados por la Associated Press. Es casi el nivel más alto registrado en Estados Unidos, aunque Brasil tiene dos tercios de la población del país norteamericano. El viernes se registraron 3.650 decesos y la cifra podría llegar proximamente a 4.000.
En el borde del abismo, no solo los expertos sino muchos alcaldes y gobernadores reconocen que las cuarentenas ya no son evitables. Las restricciones a la actividad el año pasado fueron renuentes y el presidente Jair Bolsonaro las saboteó constantemente para evitar el colapso económico. Al día de hoy, no se convence de la necesidad de una cuarentena general, lo que obliga a los gobiernos locales a aplicar una mezcolanza de medidas para evitar que la mortandad siga aumentando.
Podría ser demasiado tarde, desde que una variante más contagiosa arrasa Brasil. El 25 de marzo la cifra diaria de casos nuevos superó por primera vez los 100.000, y muchos más no se contaron. Miguel Nicolelis, profesor de neurobiología en la Universidad Duke en Carolina del Norte que asesoró a varios gobernadores y alcaldes brasileños sobre el control de la pandemia, calcula que la cifra de muertes llegará al medio millón en julio y superará la de Estados Unidos para fin de año.
“Hemos superado niveles jamás imaginados para un país con un sistema de salud pública, una historia de campañas de inmunización eficientes y trabajadores de salud que no tienen nada que envidiar a los mejores del mundo”, dijo Nicolelis. “La siguiente etapa es la del derrumbe del sistema de salud”.
El sistema ya está por derrumbarse: las unidades de cuidados intensivos en casi todos los estados están cerca o en el límite de su capacidad. El doctor José Antônio Curiati, supervisor en el Hospital das Clinicas de Sao Paulo, el mayor complejo hospitalario de Latinoamérica, dijo que las camas están todas ocupadas y los enfermos siguen llegando. No está garantizada la provisión de oxígeno y en poco tiempo se agotarán los sedantes utilizados para la intubación en las UCI.
“Las 4.000 muertes diarias parecen estar apenas a la vuelta de la esquina”, dijo Curiati,
El 17 de marzo, en el estado nordestino de Piaui, la enfermera Polyena Silveira lloraba junto a un enfermo que murió de COVID-19 en el piso debido a la falta de camas. Una foto de la escena se viralizó y sirvió de llamada de atención a todo el país.

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